viernes, 14 de mayo de 2010

machismo y feminismo

MACHISMO Y FEMINISMO.

Estimado amigo Gumercindo:

No esperaba que esa “gotita de ironía” (¿?) que le quise poner a mi escrito despertara el enojo de tu amiga: la Mtra. Silvia Gámiz. Mira que, ensartar hasta cinco adjetivos calificativos, me parece exagerado. Sin embargo, tiene todo el derecho de opinar, creo yo, a la manera de una feminista de corazón. Como yo no niego que puedo tener en mi subconsciente algunas huellas de machismo, ya que me crié en un hogar machista, (me gusta más la palabra patriarcal) provinciano, honesto y humilde; y que, por otro lado, aunque no quieran, tuvo y tiene sus propios valores.
Excluyente, sólo de los políticos facinerosos; fóbico,…¡mentira!...¡tan lindas que son las mujeres! Clericalista?...además de que no está en el diccionario, tampoco está en mi haber. Al contrario, soy tolerante y respetuoso de las creencias ajenas, comenzando con las de mi madre, luego con las de mi difunta esposa y las de mis hermanas. Lo de panista…¡eso sí que duele!...pero ni modo… Diosito sabe que no es cierto.

Siempre he sido enemigo de la discriminación y del racismo que prevalece en México, ya sea contra los indígenas o contra las mujeres. Pero no de lo que sucede en las alturas ni en telenovelas, sino en la vida real, en mi entorno social, incluso familiar.
Los primeros, porque son receptores del odio y el desprecio de los ricos, blancos o güeros.
Las segundas porque han sido relegadas históricamente y anulados sus derechos en todos los campos: social, cultural, político y hasta sexual. Siendo las más inclinadas a la religión, el clericalismo patrimonial masculino, les ha negado hasta el femenino de la palabra sacerdote; menos habría obispas.
Ahora, fijémonos en el trato que les dispensa la sociedad a las trabajadoras domésticas y el salario que les paga.
En otro aspecto, partamos de la pregunta: ¿quién es una madre soltera?
Posible respuesta: una mujer que generalmente sucumbe ante la seducción o de común acuerdo, al ritmo de los apapachos propios de un noviazgo, queda embarazada y …a partir de ese momento, el varón huye o se pavonea ante sus cuates como cualquier ave macho después de fecundar a su henbra, y no hay poder ni ley que lo obligue a asumir una “paternidad responsable”. Siempre habrá manera de exculparlo.
En cambio la mujer, espontáneamente o presionada por la sociedad o por su propia familia asume su responsabilidad hasta sus últimas consecuencias; como ser señalada por los dedos índices moralistas como la única culpable de su situación, como si la procreación pudiera ser un acto unilateral. Y transitar por todo lo imaginable para criar y educar a un nuevo ser, a veces heroicamente.

Yo tampoco conozco de cerca a Jesusa Rodríguez, solamente la he escuchado conducir las reuniones convocadas por Andrés Manuel López Obrador, y me ha parecido excelente. También lo que a veces dice de ella La Jornada, como en la sección Capital del 12 de marzo de 2010.
Sus actos no me escandalizan, pero no podemos negar que son insólitos.
De que es valiosa, ni quien lo dude, al grado de que Elena Poniatowska le dedicó su libro “Amanecer en el Zócalo”.
Pero su vida íntima es muy suya.
Saludos de tu amigo: Florencio Castrejón Angel . CDD 28 de marzo de 2010.

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