martes, 2 de febrero de 2010

Tlacotalpan

¡TLACOTALPAN!...¡ALVARADO!...¡ HAY LUGARES!
Crónica de un corto viaje.

Durante los nueve años que trabajé en el estado de Veracruz como profesor de escuela y viví en Jalapa, la ciudad capital, nunca me di la oportunidad de conocer el puerto de Alvarado ni Tlacotalpan; tal vez porque Jalapa me deslumbró con sus luces y su modernidad no me preocupé de ir a las poblaciones menores como las citadas. Ambos son pueblos muy bellos e interesantes por sus características físico-geográficas, y además, típicamente “jarochos”; habitados por pescadores, ingeniosos cantadores y soneros, así como alegres bailadores. Acuáticos y malhablados.
Las dos ciudades están situadas en las márgenes del impresionante río Papaloapan, también llamado río de las Mariposas, por el significado de su nombre en náhuatl: “papalotl”, mariposa y “apan”, lugar de.

Empezó mi interés por conocerlos desde que Federico, mi hijo mayor, comenzó a hablar de ellos, y eso porque un compañero suyo en la Escuela de Ciencias Biológicas de Instituto Politécnico Nacional, es originario de Tlacotalpan, se llama Hugo, y un buen día invitó a sus compañeros a visitar su pueblo natal, con el general beneplácito. Regresaron hablando maravillas de su viaje.
Recuerdo también que cuando fui supervisor de Telesecundarias en el estado de Morelos conocí a un compañero supervisor, era tlacotalpeño; de nombre Avelino Marcio Bolaños Salamanca, de carácter simpático y de buen trato. Tenía escrito un librito de cuentos regionales “Por estos caminos”, del que me obsequió un ejemplar que guardo todavía. Estaba jubilado como profesor estatal veracruzano y era supervisor por contrato, obvio que le debía su puesto a su amigo Ángel J. Hermida Ruiz, Director General de Educación Audiovisual, puritito alvaradeño.

En estas vacaciones pasadas de diciembre me propuse ir a conocer Tlacotalpan. Para ello invité a mi hermana Clarita que accedió amablemente a acompañarme, no obstante estar transitando un duelo por el fallecimiento de nuestra querida hermana Ernestina, acaecido en marzo de este año que está terminando. Con un entusiasmo moderado por el pronóstico amenazador del tiempo, emprendimos el viaje de Cuautla a Puebla y de allí al puerto de Veracruz en un buen servicio de transporte, ORO en el primer tramo y ADO en el segundo. Conocí estas dos últimas ciudades cuando tenían menos de la mitad de habitantes que tienen hoy, allá en la sexta década del siglo XX, cuando aún eran habitables y no habían caído en las garras de la modernidad, con su explosiva población migratoria del campo a la ciudad y la saturación de automóviles principalmente.

Resultó que al llegar al puerto de Veracruz había un tremendo ventarrón que sentimos que nos iba a volar como papalotes; no obstante, en un taxi nos dirigimos al Acuario donde pudimos contemplar tranquilamente la belleza del mundo marino, con sus hermosuras , como: las medusas, peces, tiburones y delfines. También entramos al curioso “museo de cera”.

Saliendo nos trasladamos en taxi al zócalo, en donde estuvimos un buen rato saboreando una rica cerveza de barril y escuchando a los grupos musicales diversos como los típicos conjuntos de arpa y jarana, aunque había también norteños y marimba. Curiosamente ahí no se sentía tan fuerte el viento, ya había amainado o nos protegían los edificios circundantes. Lo que nada protege es contra el enjambre de vendedores de chucherías que caen como moscas, que tiene uno que estarse espantando.

Para el siguiente día, si bien ya había cesado el viento, éste le dejó su lugar a la nubosidad y al frío. Después de un frugal desayuno en uno de los famosos cafés de la Parroquia, tomamos rumbo a Tlacotalpan, como era nuestra intención. Siendo el único servicio disponible, abordamos un autobús de segunda o de tercera clase, como quien dice, un “guajolotero”, porque iba repleto de gente de pié. Para cuando llegamos a nuestro destino ya se había soltado el “chipi chipi”y nos fue imposible recorrer la ciudad como habíamos pensado. Nos refugiamos en un restaurantito donde mal comimos, pero desde donde contemplamos al majestuoso Papaloapan y calculamos que con ese caudal hídrico, Tlacotalpan tendría agua suficiente para calmar la sed de todo el Distrito Federal. Comiendo, volvimos a deleitarnos con los sones jarochos sin que nos costara un solo centavo. Terminada la comida alcanzamos a visitar la casa museo de Don Agustín Lara y adquirir unos discos de sus canciones; y media vuelta, porque seguía lloviendo y no había hora segura para la llegada del autobús que nos regresara a Veracruz . Al siguiente día regresamos al calorcito de Cuautla por el mismo camino por el que llegamos.

Tlacotalpan es un lugar especial por muchas razones: le llaman “la Perla del Papaloapan”, situada aproximadamente 80 Kms. al SE del puerto de Veracruz. Su nombre significa su real ubicación, “en medio de dos ríos”, semejante a la legendaria Mesopotamia.
Resulta tener Tlacotalpan una muy fértil matriz, pues como otros pueblos de México, ha sido un “semillero de maestros y de hombres y mujeres ilustres”.¿O debemos creer que todo es pura casualidad, que Tlacotalpan haya sido la cuna de los siguientes personajes?: cuatro ex gobernadores de Veracruz , uno de los cuales llegó a ser un fugaz Presidente de la República en 1915. De la poetisa Josefa Murillo; de Juan Malpica Silva, periodista, fundador del Dictamen de Veracruz, el Decano de los diarios de México; de Gonzalo Aguirre Beltrán uno de los más importantes Antropólogos de México y del mejor músico y compositor romántico, Agustín Lara. La lista se enriquece con bastantes distinguidos maestros, escritores y artistas.
Sé de otros pocos lugares en donde se registra este singular fenómeno, como: Juchitán Oax.; Chicontepec Ver. y Tixtla Gro.Atlacomulco, Mex.

“La cabecera, fundada a mediados del siglo XVI como puerto fluvial por los españoles, conserva admirablemente el tejido urbano de la época colonial: calles amplias, casas de diferentes estilos pero unidas por un mismo sentido de la decoración y del color, y un profuso arbolado, tanto en los espacios públicos como en los jardines privados. La UNESCO inscribió la zona monumental de Tlacotalpan en la lista del Patrimonio Cultural Mundial en el año 1998.” (La Enciclopedia de Salvat editores.)

Como nos fue imposible comprobarlo lo dejamos para una futura ocasión, a ver si entonces podemos visitar también San Andrés Tuxtla y Catemaco…¿verdad Clarita?


Florencio Castrejón Angel
Diciembre 30 de 2009.

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