N I N F A . (cuento)
Ninfa es una mujer bonita, tez morena, ojos negros como capulines y abundante y rizada cabellera. Menudita de cuerpo, bien proporcionado y cadencioso andar.
Es una mujer inteligente, como deberían ser todas las mujeres; incansable y laboriosa, porque lo mismo le pega un botón a una camisa, que le fríe un huevo; le corta el pelo o le arrulla un niño con una canción de cuna; le baila un zapateado o le cose un zigzag en la máquina de coser.
Pero más bello tiene el corazón y sus manos piadosas, la vi arrodillarse para darle su alimento a una anciana en la boca, y brindarle su sonrisa y sus mimos a las abandonadas del asilo.
Se acerca a las cuatro décadas de su vida, por eso vigor le sobra para que después de realizar sus labores hogareñas, cuide a un niño de tres años, de una mamá que trabaja, con la finalidad de completar sus ingresos diarios que su esposo le proporciona. Y en esto de cuidar niños despliega todas sus habilidades y ternura, que seguramente ya utilizó en la crianza de dos niñas propias, hechas ya dos bellas doncellas. Sin estudiar Pedagogía le adivina el pensamiento al infante, tal pareciera que es amiga o discípula de María Montessori, la Pedagoga italiana icono de los Jardines de Niños.
Lo que sobresale es que su quehacer de entretener, cuidar y educar al niño lo hace con gusto, goza al realizarlo. Nunca se nota enfadada por más que resulte a veces molesto soportar berrinches, ni siquiera cuando llega el momento de “limpiarle la cola”. A Ninfa no le espantan esos menesteres porque entiende el lenguaje de los niños y se da a entender por ellos. Con frecuencia le regala una sonora carcajada, que no le cuesta mucho trabajo, y sirve para que muestre una blanca dentadura que contrasta con el color de su piel.
¿Cómo le hace para que el niño esté contento?
Pues, …primero,… se convierte en su “ángel de la guarda”, andando siempre detrás de él para que no tropiece; luego le cuenta cuentos, le canta canciones de cuna para que se duerma y lo mece en su hamaca. Juegan dinámicamente las rondas infantiles, como doña Blanca, a las escondidillas, jugaremos en el bosque, etc.
En el jardín de la casa le muestra al niño las flores, los pequeños bichos, las hojas de las plantas, las riegan, y en el huerto cosechan las frutas comestibles que dan los árboles, también disfrutan de su sombra en tiempos de calor. Observan a los pajarillos que bajan del cielo a posarse en las ramas de los árboles y a veces hasta el suelo, en busca de alimentos; imitan sus cantos, como el de las tortolitas, las primaveras u otros que llegan esporádicamente. Y los que ahí anidan, también.
De algún modo, Ninfa se infantiliza, quizás rememora su propia infancia.
¿Te gustaría ser niña nuevamente? Responde con una sonrisa.
Pero lo cierto es que tiene alma infantil, comparte la inocencia de los niños; aún cree en la buena fe de las personas, ama a la humanidad y practica la piedad a través de su religión.
Por ello… en la adivinación de su suerte…una gitana le auguró que nunca va a envejecer, porque bebió el agua de la eterna juventud en la fuente de los niños. Nunca le van a salir canas ni le aparecerá arruga alguna, cero enfermedades; ella, que dice que su abuelita rebasó el centenar de años.
Que su vejez sólo se reflejará en un retrato, …como el de Dorian Gray.
¡Que así sea!
martes, 2 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario