P R O L O G O
Internarse en el polémico terreno religioso es como entrar en las aguas de un pantano o en un campo sembrado de cardos, porque la mayoría de las personas tienen al respecto, ideas irreductibles y posturas particularmente intransigentes hasta llegar al fanatismo; todos creemos ser poseedores de la verdad. Quien entre con éxito en este terreno debe poseer algunas de las siguientes cualidades: ser tolerante; saber mucho; haber estudiado a fondo el tema; poseer suficientes evidencias; haber vivido muchos años; tener valor civil, y por último, ser del mismo palo para que la cuña apriete.
Algunos de los anteriores rasgos caracterizan a mi gran amigo, Don Florentino Hernández Uribe, a quien siempre le han inquietado las incongruencias que observa en su religión, la católica. Principalmente el divorcio que existe entre los orígenes del cristianismo y el comportamiento tradicional de su jerarquía. Sabe o sabemos, que aquel emana del Evangelio de Jesucristo, el personaje mítico cuya doctrina es fuente de humanismo y de humildad. Su opción preferencial por los pobres, su amor al prójimo como a si mismo fueron la causa de su pasión y de su martirio.
En contraposición, la jerarquía católica se asienta en grandes dogmas solamente y ha estado siempre ligada a la aristocracia, a la riqueza, a los gobiernos tiranos, para mantener a la feligresía activa y pasiva al mismo tiempo; activa, ¡muy activa! en el culto y en los ritos, y pasiva en el pensamiento. Mi amigo es de los que no se callan y se anima a externar sus dudas y señalar las contradicciones en cuanta oportunidad se le presenta.
Sus 84 años de vida nos dan la garantía de que no habla nomás por hablar, sino porque conoce perfectamente su iglesia al interior y ha leído y observado con atención, como buen cristiano, el enorme abismo que hay entre la doctrina original y la iglesia actual y quienes la gobiernan.
Un breve repaso de la Historia nos convence de que Don Florentino tiene mucha razón. Habla con entera propiedad de los orígenes del Cristianismo, de aquellos primeros cristianos de hace dos mil años , de los que pregonaban la nueva fe en Jesucristo, de muchos mártires que engrosaron las hojas de todo un santoral, en las diferentes persecuciones a los que se habían visto sometidos. Doctrina opuesta a la religión que practicaban los habitantes del Imperio Romano, elitista y autoritaria como en todos los imperios y persecutoria de todos los que osaran desobedecer sus reglas. No menos de 300 años de sufrimientos en la práctica de su nueva fe en la clandestinidad, (tantos como duró la colonización de América Latina), hasta que fue reconocida por su fuerza espiritual y su número de adeptos por el Emperador Constantino I el Grande (272-337 D.C.) en el año 313 de nuestra era. Él promulgó el Edicto de Milán que despenalizó la práctica del Cristianismo en el Imperio Romano, dominante en gran parte del mundo, desde España hasta Siria. Ya con esa protección, digámosle oficial, se consolidó como institución y llegó a tener una fuerte organización y un gran poder político, económico y hasta militar (las Cruzadas). Poseedora de muchas riquezas, también perseguía a los que no comulgaban con sus creencias, (toda la Edad Media) a quienes llamaban “herejes” y acosaban con más saña de la que ellos habían sufrido en sus primeros años. En el año de 1184 la Iglesia Católica Romana funda la Santa Inquisición, que nada tenía de santa y sí tenía por objeto suprimir las herejías en el sur de Francia. En el año de 1249 esta santa se instaló en el reino de Aragón Esp. y posteriormente en el de Castilla, en 1249.
En 1521 se consuma la conquista de las tierras de América descubiertas por el genovés Cristóbal Colón en 1492; españoles y portugueses, en su mayoría aventureros en busca de fortuna y reforzados por misioneros, imponen a los aborígenes el yugo de la conquista y de la esclavitud, aprovechados de sus modernas armas y de las espadas en cuya empuñadura dibujaban el signo de la cruz.
Destruyen gran parte de su cultura, incluso una religión muy propia, al imponer el Cristianismo en una forma brutal. Se habla de que entre los elementos importantes en el desarrollo o colonización de la Nueva España (México) estuvo la Iglesia Católica, que logró un gran poder al adquirir grandes propiedades y monopolizar la educación. Su principal instrumento para vigilar la observancia de la fe y de la obediencia era la Inquisición Española, oficialmente el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, instituido en 1571.
La cristianización de la Nueva España fue tan intensa y forzada que se asemejó al aprendizaje del alfabeto: “la letra con sangre entra”, según recomendaba la vieja didáctica. Dio lugar, además, a un fenómeno social que aún persiste como un complejo de inferioridad, viejo atavismo en la persona del mexicano mestizo. El encuentro, o “encontronazo”, como dijeron muchos durante el quinto centenario del descubrimiento (1992), extendió con placidez un enorme manto de RACISMO. Una confrontación de dos grupos étnicos con culturas diferentes cada uno con sus propias características: el conquistador, blanco, de ojos claros, más fuerte y bien parecido, más civilizado y “cristiano” además. En tanto que el conquistado: de piel morena, menor estatura, con facciones menos refinadas. Con una cultura menos desarrollada tecnológicamente.
La colonización impuso tres condiciones que sellaron por siempre su destino, su modo de ser, la existencia misma del mexicano común mestizo y de su descendencia:
1.- La obligación de sostener económicamente a la Santa Iglesia Católica con el 10% (diezmo) del producto de su trabajo o de su cosecha, y las primicias de sus frutos. Así se hizo inmensamente rica y poderosa la institución religiosa.
2.- La certeza indiscutible de ser “pecador” de origen; sólo por el hecho de haber nacido, se es culpable de supuestas faltas ajenas.
3.- Bajo esa percepción, cualquier cosa que haga o simplemente que piense, la persona puede ofender a Dios o a sus representantes y recibir, por lo tanto, un merecido castigo, consistente en una enfermedad o la pobreza.
Esas son causas verdaderas de la inhibición del pensamiento libre de los mexicanos y ataduras para la acción auténticamente cristiana.
Pero a Don Florentino le tocó vivir otra época de recuperación doctrinaria o de intento de recuperación cuando menos, a la mitad del siglo XX, en la figura del VII Obispo de Cuernavaca Don Sergio Méndez Arceo, que bajo el amparo del Concilio Vaticano II del papa Juan XXIII, que quiso abrir un poco las ventanas de la Iglesia Católica para que entrara aire fresco en ese aposento tan cerrado. También la consolidación de una obra de los Obispos más sensibles de América Latina : La teología de la Liberación. Méndez Arceo estuvo entre ellos y se lanzó en vanguardia para su aplicación en su Diócesis, con la colaboración de muchos sacerdotes y laicos de la calidad de mi amigo Don Florentino; quienes tuvieron una participación muy activa en la formación de las Comunidades Eclesiales de Base CEBs en la ciudad de Cuautla, que sirvieron como instrumento para hacer suyas las luchas sociales de su tiempo. Aún ahora siguen participando en las actuales.
Él nos cuenta de muchos episodios en la difícil lucha que libraron en contra de los enemigos de siempre del cristianismo, que sólo acuden a la religión y a las iglesias en busca de Dios para que les proteja sus riquezas y sus privilegios.
Para dar por terminado este pequeño Prólogo quiero subrayar la virtud con que nació mi estimado amigo: su sensibilidad hacia el arte musical. Primero, porque ha sido su pasión tocar la guitarra, ese instrumento de cuerdas pulsadas traído a México por los españoles y que ha tomado en nuestro país “carta de naturalización”, y ha encontrado aquí sublimes expresiones del arte y del amor romántico. Yo sé muy poco de música, pero estoy seguro que tocaba su guitarra muy bien, porque era muy solicitado para “los gallos” y las “serenatas” y para los “cantos de las Iglesias”.
Encontré dos expresiones que me gustan para cerrar este párrafo con palabras de quienes sí saben de música:
“Yo camino por el mundo, soy pobre, no tengo nada; sólo un corazón templado, y una pasión: la guitarra” Atahualpa Yupanqui.
“Hay que llenar el planeta de violines y guitarras en lugar de tanta metralla.” Chavela Vargas.
Su segunda habilidad complementaria es la inspiración literaria para componer corridos; ejemplo de ello son los bonitos corridos dedicados a Cuautla, a Don Sergio Méndez Arceo, al padre Orozco, la canción para “el mosquito” y muchos más.
Profr. Florencio Castrejón Angel.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Dónde se pueden consultar los apuntes de don Florentino? Estoy trabajando en un proyecto de investigación sobre la vida en Morelos la segunda mitad del siglo pasado y me gustaría saber si él habla de esos años en sus apuntes.
Muchas gracias.
Publicar un comentario