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Los ciudadanos en defensa de la Democracia (CDD) volvimos a responder al llamado de Andrés Manuel López Obrador para festejar el tercer aniversario de la constitución del gobierno legítimo, en el zócalo del D. F.
Dadas las experiencias anteriores respecto al traslado, ahora preferimos hacer un esfuerzo y pagar cien pesos con tal de ir más cómodos y con mayor seguridad en un buen autobús. Resultó emotivo realizar un acto que parece insignificante, en compañía de nuestros amigos y correligionarios, con Armando Arias y su familia, con Maribel, Rigo, Carlitos y esposa, Jacinto, Uriel y Julita su mamá, Susana, y otras caras nuevas.
Nuestra salida de Cuautla, a las 7:30 hs. de la mañana, cuando el astro rey comenzaba a aparecer por el oriente, luego de rebasar un cordón de nubes allá en el horizonte, comenzando a mitigar el frío de la madrugada. De aquí hasta Tepoztlán, a ambos lados de la carretera, todo el trayecto, es una película de paisajes que no tiene desperdicio; lo mismo un sinnúmero de tabachines con sus flores rojas semejando teas de fuego, que los campos de otoño salpicados de acahualeras y cazahuates con sus flores amarillas y blancas, respectivamente. Luego cambia la flora con la altitud a los bosques de pinos y encinos y tras un pequeño salto sobre una área de chaparral, entramos al hermoso bosque de Tres Marías. Se llenarían nuestros pulmones de aire puro si las ventanillas del autobús no fueran cerradas totalmente. Así nuestra llegada a México es sin incidentes desagradables. Lo único molesto es que los autobuses nos dejan en calles de la Col. Obrera y para llegar al zócalo hay que caminar unas cuantas cuadras, lo bueno es que las calles están libres de automóviles.
El zócalo ya estaba repleto, ya resulta insuficiente para recibir a tanto ciudadano con sus familias y su entusiasmo, a pesar del quemante sol sobre la mayor parte de la plancha de cemento ya no había lugar para entrar, yo me refugié en la acera este de la calle 20 de noviembre, detrás de un puesto de periódicos que está en la esquina, y como esta vez no pusieron bocinas ni pantallas en esta bocacalle como en otras veces, voy a confesar que no escuché nada de ningún orador, menos de Andrés Manuel. Si no fuera por mis firmes convicciones me sentiría frustrado, considerando mi presencia como sin sentido. Pero me dediqué a observar mi entorno. Se repitió lo de otras veces: muchas personas, de todas las edades, de todas las clases sociales y de todos los rumbos, locales y del país. Muchos portando pancartas, banderines, cartulina y mantas con sus expresiones de repudio al actual gobierno. Madres con niños recién nacidos en sus carreolas, vendedores de todo voceando su mercancía; un atarantado con audífonos. Familias enteras que hacen rueda en cualquier rincón y le dan mate al bastimento; muchos llevan sus sillas o bancos plegables para sentarse y aguantar la parada. Bien le va a La Jornada que es el único periódico que compra la gente.
Ante todo se nota el interés de demostrar la fortaleza del movimiento de resistencia pacífica y de escuchar también la palabra de López Obrador, nuestro líder, uno de los pocos “políticos honrados” que quedan en este país, en donde esa especie humana se encuentra en “vías de extinción”, lamentablemente.
Como no escuché nada, de regreso a casa me remití a La Jornada Internet y ahí, tranquilamente, me puse a leer el discurso de AMLO.
Muy interesante, como todos los suyos, denunciando todas las acciones antipatrióticas de la “mafia” que detenta el poder. Proponiendo diez grandes temas que serán los ejes de un programa de gobierno, entre ellos: la democratización de los medios masivos de comunicación; la abolición de los privilegios fiscales para que paguen impuestos los que más tienen, y la recuperación de la soberanía alimentaria con el rescate del campo.
Por último, me pregunto a mí mismo: ¿Cómo puede un hombre vivir entre la presión de dos fuerzas opuestas? Una, compuesta de diatribas, burlas, descalificaciones, amenazas y riesgos permanentes, de parte del gobierno y todos los que lo defienden, y por el otro lado, la exaltación de sus seguidores, que lo tenemos como el símbolo de la dignidad del “pueblo mexicano”.
Regresamos pues, con los ánimos renovados para seguir en la lucha por los cambios necesarios en nuestro país.
Florencio Castrejón Angel
22 de nov. 2009
H. Cuautla Mor.
domingo, 29 de noviembre de 2009
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