CUENTAS BIEN SALDADAS
Me tocó todavía ser cliente de la Dirección de Pensiones Civiles, en mi primer ingreso a la burocracia de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en marzo de 1958, como Operario “C” de Artes Gráficas interino; con un sueldo de $390.00, equivalente a $13.00 diarios. En tal virtud, pronto recurriría a solicitar mi primer préstamo de $700.00 a 10 quincenas, con descuentos de $71.45 en febrero de 1959.
Cuando terminé de pagarlo fui por el segundo; ahora por la cantidad de $2000.00 a 36 quincenas con descuentos de $59.50 que ni me acuerdo en qué lo utilicé; fecha 10 de febrero de 1960. Para entonces ya se había convertido la Dirección de Pensiones en ISSSTE y a mi vez, ya había transitado de la Secretaría de Hacienda a la de Educación Pública, en calidad de Maestro “A” de Primaria Rural con un fabuloso sueldo de $660.00 mensuales más un 25% de sobresueldo por vida cara; en la zona escolar de Altotonga, Ver., en marzo de 1960.
Para un tercer préstamo (19-julio-1961), de $5000.00 a 36 quincenas con descuentos de $148.75, me fue concedido en febrero de 1962.
Prácticamente a partir de entonces ya nunca saldría del endeudamiento, como si hubiera sido una “tienda de raya porfirista”.
Sólo esperaba uno que descontaran la cuarta parte de los abonos quincenales y ya era posible renovar el pagaré y era eso lo que hacíamos la mayoría de los maestros, para cubrir gastos extra de la economía familiar, como: la renta, compra de ropa y zapatos o algún viaje o festejo. Lo adoptamos por sistema y de tanto repetirse tomó naturaleza y se salpicó de anécdotas.
Curioso resulta recordar algunas peripecias que tenía uno que padecer porque, para comenzar, era necesario, en la mayoría de las veces por la urgencia, venir al D.F., solos o con familia a tramitarlo pero a través del gestor sindical o “coyote”, mínimo en tres días en los que había que pagar pasajes, hotel, comidas y una “corta feria” de mordida para éste, cuando menos de cincuenta pesos. Y no era extraño el caso de profes que usaran el dinero del préstamo para agasajarse y congraciarse con el mismo gestor en una parranda en donde terminaba el préstamo y luego para el regreso a su lugar de origen a conseguir otro préstamo particular con otro compañero.
Por eso se hicieron famosos y millonarios muchos personajes de esos que por regiones se dedicaban a atender a los maestros, amparados por el Sindicato. De los que yo conocí, recuerdo a: El Negro Macario, El Negro Galicia, Isidro Limón y Luis Melgarejo que atendían a la gente de Veracruz.
* * *
No obstante haberme separado físicamente de la casa paterna, nunca perdí contacto con ella y sentimentalmente sentía la obligación de ayudar económicamente a mis padres que habían dado por mí todo lo mejor que tenían al grado tal que estaban por enajenar su casa, su único patrimonio, cuando se me ocurrió que a través de un préstamo hipotecario del ISSSTE podría comprar yo la casa y salvar la situación. Así fue afortunadamente, pues me concedieron el préstamo por la cantidad de $19,326.87, a un plazo de diez años. El 17 de marzo de 1962.
Recuerdo por cierto, para detallar un poco este episodio, que inicialmente intenté conseguir el préstamo a través del Sindicato con el gestor “Negro Macario”, a quien le entregué mi solicitud; pero después de dos meses de espera vine a México D.F. y me di cuenta que la misma la tenía arrumbada en el fondo de un cajón de su archivero; entonces, molesto, la recogí y decepcionado me la regresé a Jalapa, que era donde vivía, con ánimos de hacerla pedazos. Reflexionando más calmadamente la deposité en un buzón postal dirigida directamente a la Dirección del ISSSTE y cual sería mi sorpresa que como a los 10 días ya tenía la contestación afirmativa. Mediaron entonces una serie de engorrosos trámites y avalúos que se me hicieron más pesados por la distancia a que se encontraba la casa de mis padres y mi domicilio; es decir, de Jalapa Ver. a Tixtla Gro. y otros detalles en Acapulco, Chilpancingo e Iguala.
Cuando se hubo consumado la operación le entregué a mi padre buena parte del importe para que cubriera sus deudas.
Así también, al término de los diez años, cuando terminé de pagar, hicimos la operación de compraventa de regreso de su casa a su propiedad.
* * *
En julio de 1961 nació en Jalapa nuestro primer hijo: Federico. Vio la luz primera en el Sanatorio Nachón, subrogado por el ISSSTE y atendido por monjitas o “madres”, que daban como enfermeras un servicio de excelencia. Muy cuidadosas y rigurosas de la higiene y de su pulcritud, principalmente.
La mamá primeriza también requirió cuidados especiales que le proporcionaron en el mismo sanatorio sin regateos. Esto se repitió hasta en tres ocasiones consecutivas, en que por padecimientos propios mi esposa sufrió sendos abortos que requerían hospitalización hasta por un mes.
***
El 4 de junio de 1963 operaron a mi mamá también en el ISSSTE de Jalapa.
Ella venía padeciendo años atrás de constantes hemorragias por un tumor en su matriz y su única salvación debería ser una intervención quirúrgica, que por motivos obvios era materialmente imposible realizarse en su pueblo. Por eso sugerí que se fuera con nosotros para recibir la atención en aquella ciudad veracruzana. Efectuado que fue ese largo y tortuoso viaje iniciaron su tratamiento, pero cuando se trató de autorizar la intervención me enviaron a una trabajadora social muy estricta que en un principio me la negó, pues argumentaba que si no vivía permanentemente con nosotros entonces no podía ser mi dependiente económica. Por lo tanto no tenía derecho al servicio. Tras una agria y molesta discusión logré convencerla de lo inhumano de su actitud y finalmente autorizó el servicio. Así, mi mamá, afortunadamente logró salvar la vida gracias a la habilidad quirúrgica de un distinguido cirujano: el Dr. Katz. Fue todo un éxito y logró sobrevivir otros 29 años.
***
A principios del año de 1968, aquel de intensos cambios sociales y de imborrables recuerdos trágicos, abandoné la escuela primaria porque acepté trabajar en la Telesecundaria; el novedoso sistema educativo que supo aprovechar los adelantos tecnológicos en la materia, para extender y completar la cobertura de la educación secundaria en varias zonas del país, principalmente en comunidades rurales.
En esas circunstancias y después de haber atendido una teleaula, la primera en la comunidad de Camarón Ver. durante un año lectivo, pedí mi cambio al estado de Morelos en donde hasta hoy me encuentro. Llegué acá con mi familia a finales de ese mismo año a mi nueva ubicación en esta ciudad de Cuautla.
Mi hijo Federico ya traía problemas de amigdalitis habiéndosela controlado con medicamentos en el hospital del ISSSTE del puerto de Veracruz, sin llegar a la extirpación; pero cuando estuvimos en Morelos el padecimiento se agudizó y fue inaplazable su operación. La que se efectuó en el hospital Dr. Carlos Calero Elorduy de la ciudad de Cuernavaca. Otro servicio más del ISSSTE.
***
Por esa misma época mi esposa se embarazó por quinta vez muy a pesar de que pendía sobre ella la amenaza de que su vida corría un grave riesgo por sus diversos problemas de salud, entre ellos el de la hipertensión arterial que ya le habían descubierto.
No obstante con la opinión y bajo los cuidados del Dr. Jesús Bustos, ginecólogo y entonces Director de la Clínica de esta ciudad, llegó sano a este mundo nuestro hijo Fernando, el 30 de abril de 1970, en el hospital del ISSSTE de Cuernavaca.
Después de este feliz episodio a mi esposa le aumentó su haber de enfermedades con el hipotiroidismo, que requirió serios y periódicos estudios y tratamientos tanto en Cuernavaca como en el hospital “López Mateos” del D.F. y que nuestro ISSSTE nunca nos negó.
***
La verdadera prueba de eficiencia para el ISSSTE se presentó cuando yo sufrí un accidente automovilístico la noche del 24 de marzo de 1973, cuyas circunstancias particulares no viene al caso profundizar pero que me puso a un paso de cortar mi vida y me conmocionó tanto que me prometí olvidar sus detalles como terapia. Si ahora lo repaso es solamente porque así lo exige el contexto de este trabajo. Lo verdadero es que cambió mi vida en muchos sentidos, principalmente el físico. El resultado final fue la pérdida de movilidad de mi codo izquierdo y la rotura de mi fémur derecho, así como del cúbito y el radio de mi brazo izquierdo, que con dificultad soldaron.
En primera instancia me llevaron al hospital del ISSSTE de Cuernavaca y en virtud de presentar traumatismos múltiples, de atención urgente y especializada me trasladaron al 20 de noviembre de la ciudad de México.
Fueron varias las operaciones y los tratamientos que me aplicaron, como: tracción muscular, enyesamientos, clavos, injertos de piel, etc. durante las siete semanas más tres días que estuve hospitalizado, sufriendo y haciendo sufrir a mi familia. El día 15 de mayo que me dieron de alta todavía escuché las “mañanitas” que el hospital nos dedicó a los maestros enfermos y me trasladaron a Cuautla. Recuerdo que mi mayor ilusión era, después de estar con mis hijos, llenar completamente mis pulmones del aire fresco de los bosques de la carretera.
Después de 32 años de ese accidente sólo mi enorme paciencia y el cariño de mi familia han podido ayudarme a superar mi condición.
Recuerdo con gratitud el bien que me hizo el Dr. Hernández Ulloa, ortopedista y el trato humano de una enfermera de nombre Angelita que resultó ser originaria y vecina de esta colonia de Cuautlixco, Mor.
***
Desde que abandoné la casa paterna en 1957 hasta que estrenamos nuestra propia casa en agosto de 1978, pasamos 21 años viviendo en casa ajena rentada. Desde cuartos de vecindad (quinto patio) tanto en Jalapa como en Cuautla, hasta un modesto piso de casa particular.
Con todas las características propias casi legendarias de la vida en comunidad, compartiendo algunos servicios con los demás inquilinos, como el agua, el patio, el lavadero y el baño. Pero también disfrutando de la solidaridad de las demás familias que se cuidan y se ayudan mutuamente. En el caso de nosotros, por nuestro buen comportamiento, gozamos el privilegio de parte de los dueños de pagar la renta cada seis meses, cuando era tiempo de renovar los préstamos a corto plazo.
Aun en esas condiciones nunca se opacó el deseo de tener una casa propia y como uno era incapaz de ahorrar para comprar una, yo me atreví a pedirle al ISSSTE un préstamo hipotecario, pues aún tenía derecho a disfrutar de la diferencia entre el tope de $200,000.00 y el préstamo anterior, hipotecario también, de casi $20,000.00 que ya había terminado de pagar en 1972.
Así las cosas, buscamos el terreno que adquirimos como condición para obtener el préstamo para construcción de casa; y tras largos, engorrosos y costosos trámites y requisitos logramos la autorización de $180,673.13 el 30 de noviembre de 1977, para pagar en un plazo de quince años.
Son imborrables los recuerdos del gusto de ver cómo van apareciendo los cimientos, las paredes, las puertas y ventanas y el techo; cómo se va fincando poco a poco lo que será el nido y el hogar de la familia. Sobre todo aquí donde nos tocó vivir, en Cuautlixco, colonia de esta heroica y hermosa Cuautla de un enorme cielo y abundante, fresca y cristalina agua que nutre a sus pobladores y a una flora espléndida.
Felizmente la ocupamos ya terminada el 23 de agosto de 1978. Y prácticamente la fuimos pagando sin sentir en abonos pequeños descontados de mi salario durante catorce años, uno menos del tiempo pactado.
***
¿Cosas de la vida? ignotos designios o puras coincidencias: la alternancia de triunfos y satisfacciones que dan a uno paz y tranquilidad, con inapelables sentencias de los padecimientos que se alojan en nuestro organismo y que nos ponen en muchas ocasiones en el filo de la navaja. Y de esto la víctima más socorrida fue mi esposa. Males consuetudinarios como un eterno dolor de cabeza y otras molestias desembocaron en el descubrimiento médico de una cardiopatía; le decía yo que de tanto amar a sus hijos y a mí. En esto muy poco pudo hacer el ISSSTE que no fuera dotar de medicamentos analgésicos que le prescribieron de por vida.
Y el fatídico año de 1995 el médico internista Iglesias le diagnosticó un caso de leucemia, que después de sufrirla durante ocho años la llevó finalmente a la tumba.
Aquí sólo hay que agregar que para el tratamiento de esta letal enfermedad descargamos un poco al ISSSTE, y aun cuando sí estuvo al cuidado de Hematología y Cardiología, pudimos y necesitamos estar más cerca de la atención de la medicina privada. No podíamos confiarla al tratamiento del Instituto por la dilación entre una consulta y otra.
***
Otra vez me toca el turno; como secuela de mi accidente automovilístico la cabeza de mi fémur izquierdo se desgastó y según diagnóstico primario del Dr. Gildardo Alanís Rosales, Ortopedista de la clínica de Cuautla, requería de un “reemplazo articular” de la cadera izquierda y me enviaron al hospital López Mateos del D.F. en donde confirmaron plenamente el diagnóstico y me realizaron la intervención el 24 de mayo del 2004; y me colocaron la prótesis que ahora tengo, que me resolvió el problema de dolor que padecía. Sólo que al sondear la uretra me lastimaron y me enviaron al servicio de urología en donde me han estado atendiendo y que aunado a problemas naturales de la próstata, a mis 67 años, estoy en la agenda para ser operado en Cuernavaca.
Así, remendado y todo, aquí ando todavía haber hasta cuando. Vivo y debiera ser un trofeo del ISSSTE, así como yo me he convertido en su defensor recalcitrante y creo que nadie me puede negar ese derecho.
Cuando terminé de pagarlo fui por el segundo; ahora por la cantidad de $2000.00 a 36 quincenas con descuentos de $59.50 que ni me acuerdo en qué lo utilicé; fecha 10 de febrero de 1960. Para entonces ya se había convertido la Dirección de Pensiones en ISSSTE y a mi vez, ya había transitado de la Secretaría de Hacienda a la de Educación Pública, en calidad de Maestro “A” de Primaria Rural con un fabuloso sueldo de $660.00 mensuales más un 25% de sobresueldo por vida cara; en la zona escolar de Altotonga, Ver., en marzo de 1960.
Para un tercer préstamo (19-julio-1961), de $5000.00 a 36 quincenas con descuentos de $148.75, me fue concedido en febrero de 1962.
Prácticamente a partir de entonces ya nunca saldría del endeudamiento, como si hubiera sido una “tienda de raya porfirista”.
Sólo esperaba uno que descontaran la cuarta parte de los abonos quincenales y ya era posible renovar el pagaré y era eso lo que hacíamos la mayoría de los maestros, para cubrir gastos extra de la economía familiar, como: la renta, compra de ropa y zapatos o algún viaje o festejo. Lo adoptamos por sistema y de tanto repetirse tomó naturaleza y se salpicó de anécdotas.
Curioso resulta recordar algunas peripecias que tenía uno que padecer porque, para comenzar, era necesario, en la mayoría de las veces por la urgencia, venir al D.F., solos o con familia a tramitarlo pero a través del gestor sindical o “coyote”, mínimo en tres días en los que había que pagar pasajes, hotel, comidas y una “corta feria” de mordida para éste, cuando menos de cincuenta pesos. Y no era extraño el caso de profes que usaran el dinero del préstamo para agasajarse y congraciarse con el mismo gestor en una parranda en donde terminaba el préstamo y luego para el regreso a su lugar de origen a conseguir otro préstamo particular con otro compañero.
Por eso se hicieron famosos y millonarios muchos personajes de esos que por regiones se dedicaban a atender a los maestros, amparados por el Sindicato. De los que yo conocí, recuerdo a: El Negro Macario, El Negro Galicia, Isidro Limón y Luis Melgarejo que atendían a la gente de Veracruz.
* * *
No obstante haberme separado físicamente de la casa paterna, nunca perdí contacto con ella y sentimentalmente sentía la obligación de ayudar económicamente a mis padres que habían dado por mí todo lo mejor que tenían al grado tal que estaban por enajenar su casa, su único patrimonio, cuando se me ocurrió que a través de un préstamo hipotecario del ISSSTE podría comprar yo la casa y salvar la situación. Así fue afortunadamente, pues me concedieron el préstamo por la cantidad de $19,326.87, a un plazo de diez años. El 17 de marzo de 1962.
Recuerdo por cierto, para detallar un poco este episodio, que inicialmente intenté conseguir el préstamo a través del Sindicato con el gestor “Negro Macario”, a quien le entregué mi solicitud; pero después de dos meses de espera vine a México D.F. y me di cuenta que la misma la tenía arrumbada en el fondo de un cajón de su archivero; entonces, molesto, la recogí y decepcionado me la regresé a Jalapa, que era donde vivía, con ánimos de hacerla pedazos. Reflexionando más calmadamente la deposité en un buzón postal dirigida directamente a la Dirección del ISSSTE y cual sería mi sorpresa que como a los 10 días ya tenía la contestación afirmativa. Mediaron entonces una serie de engorrosos trámites y avalúos que se me hicieron más pesados por la distancia a que se encontraba la casa de mis padres y mi domicilio; es decir, de Jalapa Ver. a Tixtla Gro. y otros detalles en Acapulco, Chilpancingo e Iguala.
Cuando se hubo consumado la operación le entregué a mi padre buena parte del importe para que cubriera sus deudas.
Así también, al término de los diez años, cuando terminé de pagar, hicimos la operación de compraventa de regreso de su casa a su propiedad.
* * *
En julio de 1961 nació en Jalapa nuestro primer hijo: Federico. Vio la luz primera en el Sanatorio Nachón, subrogado por el ISSSTE y atendido por monjitas o “madres”, que daban como enfermeras un servicio de excelencia. Muy cuidadosas y rigurosas de la higiene y de su pulcritud, principalmente.
La mamá primeriza también requirió cuidados especiales que le proporcionaron en el mismo sanatorio sin regateos. Esto se repitió hasta en tres ocasiones consecutivas, en que por padecimientos propios mi esposa sufrió sendos abortos que requerían hospitalización hasta por un mes.
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El 4 de junio de 1963 operaron a mi mamá también en el ISSSTE de Jalapa.
Ella venía padeciendo años atrás de constantes hemorragias por un tumor en su matriz y su única salvación debería ser una intervención quirúrgica, que por motivos obvios era materialmente imposible realizarse en su pueblo. Por eso sugerí que se fuera con nosotros para recibir la atención en aquella ciudad veracruzana. Efectuado que fue ese largo y tortuoso viaje iniciaron su tratamiento, pero cuando se trató de autorizar la intervención me enviaron a una trabajadora social muy estricta que en un principio me la negó, pues argumentaba que si no vivía permanentemente con nosotros entonces no podía ser mi dependiente económica. Por lo tanto no tenía derecho al servicio. Tras una agria y molesta discusión logré convencerla de lo inhumano de su actitud y finalmente autorizó el servicio. Así, mi mamá, afortunadamente logró salvar la vida gracias a la habilidad quirúrgica de un distinguido cirujano: el Dr. Katz. Fue todo un éxito y logró sobrevivir otros 29 años.
***
A principios del año de 1968, aquel de intensos cambios sociales y de imborrables recuerdos trágicos, abandoné la escuela primaria porque acepté trabajar en la Telesecundaria; el novedoso sistema educativo que supo aprovechar los adelantos tecnológicos en la materia, para extender y completar la cobertura de la educación secundaria en varias zonas del país, principalmente en comunidades rurales.
En esas circunstancias y después de haber atendido una teleaula, la primera en la comunidad de Camarón Ver. durante un año lectivo, pedí mi cambio al estado de Morelos en donde hasta hoy me encuentro. Llegué acá con mi familia a finales de ese mismo año a mi nueva ubicación en esta ciudad de Cuautla.
Mi hijo Federico ya traía problemas de amigdalitis habiéndosela controlado con medicamentos en el hospital del ISSSTE del puerto de Veracruz, sin llegar a la extirpación; pero cuando estuvimos en Morelos el padecimiento se agudizó y fue inaplazable su operación. La que se efectuó en el hospital Dr. Carlos Calero Elorduy de la ciudad de Cuernavaca. Otro servicio más del ISSSTE.
***
Por esa misma época mi esposa se embarazó por quinta vez muy a pesar de que pendía sobre ella la amenaza de que su vida corría un grave riesgo por sus diversos problemas de salud, entre ellos el de la hipertensión arterial que ya le habían descubierto.
No obstante con la opinión y bajo los cuidados del Dr. Jesús Bustos, ginecólogo y entonces Director de la Clínica de esta ciudad, llegó sano a este mundo nuestro hijo Fernando, el 30 de abril de 1970, en el hospital del ISSSTE de Cuernavaca.
Después de este feliz episodio a mi esposa le aumentó su haber de enfermedades con el hipotiroidismo, que requirió serios y periódicos estudios y tratamientos tanto en Cuernavaca como en el hospital “López Mateos” del D.F. y que nuestro ISSSTE nunca nos negó.
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La verdadera prueba de eficiencia para el ISSSTE se presentó cuando yo sufrí un accidente automovilístico la noche del 24 de marzo de 1973, cuyas circunstancias particulares no viene al caso profundizar pero que me puso a un paso de cortar mi vida y me conmocionó tanto que me prometí olvidar sus detalles como terapia. Si ahora lo repaso es solamente porque así lo exige el contexto de este trabajo. Lo verdadero es que cambió mi vida en muchos sentidos, principalmente el físico. El resultado final fue la pérdida de movilidad de mi codo izquierdo y la rotura de mi fémur derecho, así como del cúbito y el radio de mi brazo izquierdo, que con dificultad soldaron.
En primera instancia me llevaron al hospital del ISSSTE de Cuernavaca y en virtud de presentar traumatismos múltiples, de atención urgente y especializada me trasladaron al 20 de noviembre de la ciudad de México.
Fueron varias las operaciones y los tratamientos que me aplicaron, como: tracción muscular, enyesamientos, clavos, injertos de piel, etc. durante las siete semanas más tres días que estuve hospitalizado, sufriendo y haciendo sufrir a mi familia. El día 15 de mayo que me dieron de alta todavía escuché las “mañanitas” que el hospital nos dedicó a los maestros enfermos y me trasladaron a Cuautla. Recuerdo que mi mayor ilusión era, después de estar con mis hijos, llenar completamente mis pulmones del aire fresco de los bosques de la carretera.
Después de 32 años de ese accidente sólo mi enorme paciencia y el cariño de mi familia han podido ayudarme a superar mi condición.
Recuerdo con gratitud el bien que me hizo el Dr. Hernández Ulloa, ortopedista y el trato humano de una enfermera de nombre Angelita que resultó ser originaria y vecina de esta colonia de Cuautlixco, Mor.
***
Desde que abandoné la casa paterna en 1957 hasta que estrenamos nuestra propia casa en agosto de 1978, pasamos 21 años viviendo en casa ajena rentada. Desde cuartos de vecindad (quinto patio) tanto en Jalapa como en Cuautla, hasta un modesto piso de casa particular.
Con todas las características propias casi legendarias de la vida en comunidad, compartiendo algunos servicios con los demás inquilinos, como el agua, el patio, el lavadero y el baño. Pero también disfrutando de la solidaridad de las demás familias que se cuidan y se ayudan mutuamente. En el caso de nosotros, por nuestro buen comportamiento, gozamos el privilegio de parte de los dueños de pagar la renta cada seis meses, cuando era tiempo de renovar los préstamos a corto plazo.
Aun en esas condiciones nunca se opacó el deseo de tener una casa propia y como uno era incapaz de ahorrar para comprar una, yo me atreví a pedirle al ISSSTE un préstamo hipotecario, pues aún tenía derecho a disfrutar de la diferencia entre el tope de $200,000.00 y el préstamo anterior, hipotecario también, de casi $20,000.00 que ya había terminado de pagar en 1972.
Así las cosas, buscamos el terreno que adquirimos como condición para obtener el préstamo para construcción de casa; y tras largos, engorrosos y costosos trámites y requisitos logramos la autorización de $180,673.13 el 30 de noviembre de 1977, para pagar en un plazo de quince años.
Son imborrables los recuerdos del gusto de ver cómo van apareciendo los cimientos, las paredes, las puertas y ventanas y el techo; cómo se va fincando poco a poco lo que será el nido y el hogar de la familia. Sobre todo aquí donde nos tocó vivir, en Cuautlixco, colonia de esta heroica y hermosa Cuautla de un enorme cielo y abundante, fresca y cristalina agua que nutre a sus pobladores y a una flora espléndida.
Felizmente la ocupamos ya terminada el 23 de agosto de 1978. Y prácticamente la fuimos pagando sin sentir en abonos pequeños descontados de mi salario durante catorce años, uno menos del tiempo pactado.
***
¿Cosas de la vida? ignotos designios o puras coincidencias: la alternancia de triunfos y satisfacciones que dan a uno paz y tranquilidad, con inapelables sentencias de los padecimientos que se alojan en nuestro organismo y que nos ponen en muchas ocasiones en el filo de la navaja. Y de esto la víctima más socorrida fue mi esposa. Males consuetudinarios como un eterno dolor de cabeza y otras molestias desembocaron en el descubrimiento médico de una cardiopatía; le decía yo que de tanto amar a sus hijos y a mí. En esto muy poco pudo hacer el ISSSTE que no fuera dotar de medicamentos analgésicos que le prescribieron de por vida.
Y el fatídico año de 1995 el médico internista Iglesias le diagnosticó un caso de leucemia, que después de sufrirla durante ocho años la llevó finalmente a la tumba.
Aquí sólo hay que agregar que para el tratamiento de esta letal enfermedad descargamos un poco al ISSSTE, y aun cuando sí estuvo al cuidado de Hematología y Cardiología, pudimos y necesitamos estar más cerca de la atención de la medicina privada. No podíamos confiarla al tratamiento del Instituto por la dilación entre una consulta y otra.
***
Otra vez me toca el turno; como secuela de mi accidente automovilístico la cabeza de mi fémur izquierdo se desgastó y según diagnóstico primario del Dr. Gildardo Alanís Rosales, Ortopedista de la clínica de Cuautla, requería de un “reemplazo articular” de la cadera izquierda y me enviaron al hospital López Mateos del D.F. en donde confirmaron plenamente el diagnóstico y me realizaron la intervención el 24 de mayo del 2004; y me colocaron la prótesis que ahora tengo, que me resolvió el problema de dolor que padecía. Sólo que al sondear la uretra me lastimaron y me enviaron al servicio de urología en donde me han estado atendiendo y que aunado a problemas naturales de la próstata, a mis 67 años, estoy en la agenda para ser operado en Cuernavaca.
Así, remendado y todo, aquí ando todavía haber hasta cuando. Vivo y debiera ser un trofeo del ISSSTE, así como yo me he convertido en su defensor recalcitrante y creo que nadie me puede negar ese derecho.
CONTINUARA...
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