Por si les hacen falta “delitos” a las autoridades judiciales que inculpan a los maestros que luchan por los derechos del gremio magisterial y en contra de las injusticias y la corrupción en general que privan en la sociedad en la que vivimos, ahí les va otro:
En abril del 2006 me programaron una operación quirúrgica de la próstata en el ISSSTE de Cuernavaca, y para estos menesteres, todo mundo lo sabe, hay que llevar donadores de sangre. El problema es que las condiciones que requieren cumplir éstos no son nada fáciles: uno de los principales requisitos es que no sean tomadores de vino ni de cerveza, y ahí es “dónde la puerca tuerce el rabo” porque hay que buscar “la aguja en el pajar”; cuatro de cada cinco no son viables.
Así que, en mi caso, repasamos la lista de los amigos conocidos, míos y de mis hijos, infructuosamente y quienes aceptaron no pasaron las pruebas. Alguien me dijo que fuera a Estéreo Latina (o ladina) a pedir que pasaran un anuncio, lo hice y nada. Otros me recomendaron que acudiera al Batallón del Ejército, lo hice y me contestaron que la mayoría de los soldados andaban en campaña.
Ya andaba pensando que se iba a suspender la operación, cuando me acordé que mis compañeros y correligionarios maestros de la CNTE sesionaban en “La Pastora”, y a esa reunión asistían maestros de la Normal Urbana que por su mediación podría encontrar algún alumno benevolente que me sacara del apuro. Me presenté a la reunión y la maestra Amanda Sánchez Javana me hizo el favor de presentarme como un maestro jubilado de positivos antecedentes en la lucha magisterial y yo les expliqué mi problema.
De repente un maestro se levantó de su asiento y me dijo: no se apure maestro, yo le doy la sangre que necesite.
La emoción que sentí en ese momento es indescriptible por varios motivos: porque ya no se iba a suspender mi operación pero principalmente porque mis compañeros maestros no me abandonaban a mi suerte en el momento en que más lo necesitaba; conducta ejemplar que mucho dice de su calidad (o peligrosidad) moral que yo les agradeceré mientras viva.
El Maestro cumplió lo ofrecido; posteriormente me contó que él había estado en semejante situación por un accidente automovilístico en el estado de Oaxaca, donde trabajaba y que sus compañeros no lo dejaron morir por falta de sangre, desde entonces se prometió a si mismo repetir esa acción cuando la ocasión se presentara, y que no era la primera vez que lo hacía. Esto lo confirmó la encargada de seleccionar a los donantes.
¿Desean saber el nombre de este Maestro?...Puede ser que a él no le guste que se sepa, sólo les diré que trabaja en la Escuela Normal Urbana de Cuautla.
Florencio Castrejón Angel CDD
Julio 17 2009
sábado, 18 de julio de 2009
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