martes, 28 de abril de 2009

“SANTA” EN UNA TELEAULA.

Por Florencio Castrejón Angel.


El Director de la escuela había dicho en una junta de padres de familia anterior:

“Tenemos que buscar el modo de que todas las fuerzas vivas de la sociedad participen en esta buena obra, que es la construcción de esta escuela.”

Así que todos regresaron a sus casas llevando en el pensamiento cómo hacer efectiva esa orden. Unos o unas pensaron en vender boletos para hacer una rifa. Otros en pedirles materiales a los dueños de los hornos de tabique ubicados en la colonia; algunos más, en solicitar su colaboración a los dueños de los invernaderos vecinos.

Y estos dos compadres del cuento, que además formaban parte del Comité Pro-construcción de la escuela, también empezaron a buscar mentalmente a quien dirigirle el sablazo. En esas andaban cuando, una noche que se encontraban departiendo alegremente con dos guapas mozas, en una casa de citas regenteada por la Sra. Fonseca, a uno de ellos se le encendió el foco e inopinadamente le dice al compañero:
- ¡Oye compadre!
- ¿Qué pasó?
-¿ Porqué no le pedimos ayuda a la Sra. Fonseca para la escuela?
- No es mala idea compadre.

Y diciendo y haciendo:

-Sra. Fonseca, Ud. siempre ha sido una buena cuatita y nosotros, sus amigos y buenos clientes. Nos preocupa que cuando se muera, qué va a ser de su alma, y pensamos que para que Dios la perdone necesita hacer obras de caridad, como ayudar a construir una escuela.

-¡Ja, Ja, Ja!... ya me hicieron reir sin ganas, par de cabrones. ¡Cuando ustedes van yo ya vengo de regreso! Si vieran que limosnotas le mando a la parroquia.

-Pero ahora le falta la escuela.

-¡Va pues!... Pensándolo bien, cuenten conmigo… con qué quieren que les ayude.

Los compadres se miraron entre si como consultándose qué era lo más necesario, y uno dijo:

-Regálenos butacas para los alumnos.

-¿Cuántas? preguntó Pepa.

-Las que Ud. quiera, contestaron ellos.

-Van cinco butacas.

-De acuerdo… Gracias señora, ya sabíamos que no nos iba a fallar.
¡que sirvan las otras!

*****


Algún lector preguntará: ¿dónde estuvo el chiste?

-Momento, el chiste viene enseguida:

Para cuando se terminó la construcción del aula hubo que preparar una ceremonia de inauguración y un pequeño festival, para los que se invitó a padres de familia, autoridades y a quienes habían ayudado a construirla. Lo de rigor.

Ya se acercaba el día y los compadres se encontraban indecisos si invitar a Dña. Pepa o no. Al final decidieron hacerlo con la esperanza, o casi seguridad, que no iba a aceptar. Para su sorpresa, que les toma la palabra y el día y la hora señalados que hace acto de presencia como los demás invitados. Con la particularidad de que no iba sola, llegó acompañada de una bella y joven dama; seguramente la mejor de su Compañía.

SANTA se llamaba, era de buena talla, más bien alta; de piel trigueña, pelo negro y bellas facciones: boca sensual y labios carnosos pintados de rojo. Llevaba puesto un vestido negro escotado por donde asomaban dos suculentos y provocativos senos.

Durante toda la ceremonia SANTA permaneció impasible, observando seguramente que la mayoría de las miradas se dirigían a ella. No pudimos ver la expresión de sus negros ojazos de gacela (dicen) que, por egoísmo, ocultó bajo la sombra de unas gafas oscuras. Lo que no pudo ocultar fue la delicada curvilínea de sus caderas, sostenidas por dos mórbidas y bien torneadas extremidades, que remataban en dos pequeños pies, metidos en un par de zapatillas del mismo color de su vestido.

Total que, desde su llegada, SANTA fue el centro de atención de padres, madres, alumnos y público en general; que la veian con curiosidad por su excesivo arreglo.
Unos creyeron que era una Maestra; para otros pasó como una funcionaria de la SEP. Sólo contadas personas como los compadres y algunos pícaros miembros del 20-30, que formaba el Patronato, se cruzaban miradas voluptuosas entre si, como diciéndose: ¿ya la conociste?
Al término de la ceremonia todos se acercaron a saludarla de mano muy afectuosamente en agradecimiento de su ayuda y de su presencia.
Nos quedó la duda sobre la razón de la Sra. Pepa de haberla llevado. ¿Por publicidad o inocentemente?

¿Que yo cómo supe su nombre? ¡Bueno!... a mí me contaron que SANTA era la criatura de Dn. Federico Gamboa, novelista de la época porfiriana y motivo de varias películas del cine nacional.
Una hermosa mujer que vendía placer al amparo de doña Pepa, la regenteadora del antro en donde los caballeros de la época, con dinero y con soltura, se disputaban sus favores sin siquiera un provecho personal para ella.
Con un final previsto y común como alto precio de su hermosura o quizás, por la desgracia de haber nacido en las capas más olvidadas de la sociedad.

Lo cierto es que la Sra. Pepa o Fonseca, como quieran, posteriormente nos mandó, y con todo derecho, a varios chicos para inscribirlos en la Telesecundaria, de los que ella fungía como tutora.

Lo que demuestra dos cosas, cuando menos: primera, que la Sra. sí hacía obras de caridad con algunos hijos abandonados o huérfanos de sus pupilas.
Y otra, que la Telesecundaria es democrática porque no discrimina a nadie.

FIN
Por Florencio Castrejón Angel.

- ¿O hay alguien que quiera tirar la primera piedra?

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