El adjetivo más aproximado que encontré para el Dr. Belisario Domínguez fue el de “Santo Laico”, porque dedicó sus cincuenta años de vida a servir a sus semejantes, defendiéndolos de la enfermedad y de la injusticia, no pidiendo nada o casi nada para si.
Hasta el grado de ofrendar su propia vida de una manera consciente y con un enorme valor civil para reprocharle, en su calidad de Senador de la República por su natal Chiapas, al tirano Victoriano Huerta su traición al Presidente Madero. Sus esbirros, acatando sus órdenes criminales nacidas de la venganza, lo prenden y lo conducen a su calvario, en donde es arteramente asesinado por la espalda.
Médico de profesión, egresado nada menos que de la Universidad de París, La Sorbona, una de las más antiguas y famosas del mundo. Se graduó como alumno brillante en las especialidades de cirugía y óptica.
Habiendo tenido oportunidad de trabajar en la Ciudad Luz y dedicarse a la investigación dadas sus cualidades reconocidas por sus maestros, el Dr. Belisario optó por regresar a su natal Comitán, Chiapas, en donde lo esperaban sus paisanos con sus ancestrales necesidades y esperanzas.
Ahí se hubiera hecho anciano como tantos médicos hay en los pueblos de México, disfrutando del respeto y la estimación de su gente si la vida no lo hubiera puesto en el lugar y en el tiempo que ya describí.
Nuestra historia ya lo ha colocado en su pedestal como héroe nacional y como ejemplo de dignidad y valor civil.
martes, 7 de octubre de 2008
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