A las 35 ó 40 personas de Cuautla que viajamos a México el domingo 25 de enero, en el autobús número 30 de la empresa Corrales, más bien nos pareció que fuimos a “Reino Aventura” y no al Zócalo a la Asamblea Informativa del Movimiento en defensa de la economía popular, del petróleo y de la soberanía nacional.
Les contaré porqué desde el inicio fue un verdadero vía crucis: en vez de salir a las siete de la mañana, como estaba programado, salimos a las ocho; quien sabe qué líos se cargaban los choferes que ya cuando estábamos instalados en un camión nos ordenaron pasarnos a otro; alguien dijo que no salían porque esperaban a la persona que les iba a dar dinero para sus gastos.
Apenas íbamos por la caseta de Oacalco cuando se paró el camión, se bajó el chofer y fue a echarle agua al motor. Eso se repitió después de pasar por Tres Marías y por donde está el monumento a Morelos. Y para colmo, entrando a Tlalpan se le ponchó una llanta trasera por lo que un buen tramo se fue rodando con el rin descubierto. La suerte fue que era de los camiones que tienen atrás dos ejes y uno quedó bueno y con él llegamos hasta la calle de Lucas Alamán, por la colonia Obrera, que fue donde nos bajamos para caminar hacia el zócalo cuando menos un kilómetro. A las once de la mañana íbamos entrando a la concentración, por la calle cinco de febrero, cuando estaba hablando el orador anterior a Alejandro Encinas.
Faltaban diez minutos para las doce precisamente, cuando el bueno de don Norberto quiso decirnos ¡Aquí estoy! y empezó a repicar las campanas loco de contento. Yo iba buscando dónde orinar, rumbo al costado poniente de la catedral, y me encontré con la novedad de que no había 20 baños como otras veces, sino nada más dos, uno para hombres y otro para damas, con unas treinta personas haciendo cola en cada uno. Me agregué a la fila y esperé ¿cuánto tiempo creen? –Todo el tiempo que duró el discurso de Andrés Manuel López Obrador, que era el “plato fuerte “ por el que habíamos ido al zócalo. Afortunadamente en el lugar en donde estuve parado, bajo los rayos del sol, se escuchaba bien lo que decía.
Así logré entender que propuso: “una nueva etapa de la resistencia civil para buscar soluciones colectivas que eviten cobros indebidos en el consumo de combustibles, electricidad, agua, predial, tarjetas de crédito, hipotecas o cualquier otro abuso de autoridad o de prestadores de servicios, así como proteger las pensiones de los trabajadores que han perdido más de 50 mil millones de pesos en los meses recientes”. ¡Imagínense! Para el efecto se instalarán, a partir de febrero, casas en defensa de la economía popular en cada estado de la República. Y que nos volveremos a reunir el próximo 22 de marzo.
A fin de cuentas creo que valió la pena venir para escuchar de López Obrador las únicas palabras alentadoras para que los pobres y los no tanto, nos podamos medio escapar de las patas del apocalíptico caballo negro con cara de “hambre”, llamado con eufemismo “recesión económica”. Cansancio, asoleada y cualquier otro apuro, ¡que todo sea por la Democracia! o como dicen que dijo Carlos IV, rey de Francia: “París bien vale una misa”, con mayor razón si de fondo tiene el canto incomparable de las campanas catedralicias.
No fuimos los únicos, todos los que colmamos el zócalo pasamos por lo mismo, y esa muchedumbre es lo que renueva nuestro espíritu para seguir bregando y fregando. Aparte lo interesante que resulta esta concentración desde el punto de vista político, tiene de bello observar muchas cosas en la amalgama de hombres y mujeres, niños y ancianos con la mente llena de ideas comunes. Gente de pueblo, locales y foráneos, grupos indígenas de Morelos, de Guerrero, de Puebla, de Tlaxcala, de Xochimilco, etc.; algunos descalzos, mujeres contentas y platicadoras con sus compañeros; algunas llevaban en la mano restos de pancartas, sea que las hayan traído, aquí se las dieron o simplemente las recogieron con el interés de la madera que las sostiene para usarlas en el fogón.
Gente de clase media, profesores, burócratas, personas con caras de intelectual con sus libros en la mano y mostrando sus extravagancias: una señora con dos perros delante de ella parecía que viajaba en trineo; vendedores ambulantes en artículos ad hoc; lo que no se ve mucho es la venta de comida, con excepción de unas tostadas que ya se hicieron populares, mitad “huarache”, mitad “tlayuda”, cubiertas con frijoles y ensalada de nopales, jitomate, cebolla ,chile y queso rayado, ¡sabrosísimas!, nada le piden a una elegante “pizza”, y cuestan tan sólo cinco pesos. Pero…¡ojo! “marías”… se las puede piratear el bimbo. Otros, que se supone eran familia, de plano hicieron un círculo sentados en el piso y, a comerse el itacate. ¡Buen provecho! No se podrá “chiflar y tomar agua” al mismo tiempo, pero “oír y comer sí.”
Libros carísimos como el que escribió Martí Batres que cuesta $200.00 cuando los que escribieron Andrés Manuel y Elenita Poniatowska costaron $100.00 A mi me tocó un ejemplar del folleto con el disco “Cómo hacer frente a la crisis”, que repartieron gratuitamente, ¡está muy bueno!, pero a muchos de mis compañeros no les tocó y lo vamos a reproducir.
Ya cuando íbamos de regreso a buscar el camión que seguramente llevaron al taller, en la esquina de 20 de Noviembre y Uruguay se iba a cruzar delante de mi “El Fisgón” y al descubrir que llevaba yo bastón se paró en seco y me dijo:
-Pase usted, y yo le contesté:
-Primero “El Fisgón”
-¡De ninguna manera! Repuso él, y entonces pasé, no sin antes regalarle una sonrisa por su amabilidad.
Más adelante, ya en la calle de Cinco de Febrero, en la entrada de un estacionamiento público, se encontraba esperando su automóvil Juan Salgado Brito, uno de los más viejos políticos de Morelos, que ahora es el coordinador de la Convención Nacional Democrática en nuestra entidad y aspirante a una Diputación Federal. Se supone que a él le encargaron la tarea de conseguir los autobuses para el traslado de la gente que fue a la Asamblea. Ni tardos ni perezosos los compañeros y yo lo abordamos, y a la vez que lo saludábamos, le expusimos la queja del mal servicio que nos dió el autobús en que viajamos. De inmediato ordenó a su secretaria, que lo acompañaba, que se comunicara a Cuautla para reclamarle a la dueña de la empresa, pues nos aseguraba que todo estuvo pagado desde el día anterior. Lo hicieron, y poco después, ya en el camino, recibimos una llamada de él por celular para pedirnos disculpas y agradecernos nuestra asistencia. Comentamos que ni siquiera esperó que regresáramos a Cuautla con bien. Porque falta decir que para regresar, el autobús nos hizo esperar más de una hora, pero en el trayecto de México Cuautla cuatro veces se detuvo para echarle agua al motor. A las cinco y media de la tarde veníamos entrando felizmente a la ciudad sanos y salvos.
Con todo y que nosotros solamente pasamos por una leve tensión nerviosa, no he dejado de reflexionar sobre el peligro y la responsabilidad de quienes, conservan las viejas costumbres de “acarreo” de gente para actos políticos y religiosos en forma gratuita ; condición que se presta para buscar los servicios más baratos y menos seguros, que eventualmente pueden causar accidentes lamentables y eso no se vale, lo más valioso es la vida humana.
En este asunto el fin no justifica los medios…de transporte.
Florencio Castrejón Angel.
H. Cuautla Mor.
25 enero 2009.
lunes, 9 de febrero de 2009
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