S U D A M É R I C A
Relatos de viaje.
En tanto que muchos compatriotas tiran para el norte del continente por diversos motivos yo jalé para el sur en visita turística a nuestros hermanos latinoamericanos de Uruguay y de Buenos Aires, Argent.; recorriendo la pequeña distancia en línea recta aérea de aproximadamente 8 mil kilómetros.
¿Motivo o pretexto?... No pude resistir la invitación de mi hijo Federico para acompañarlo a un Primer Congreso Latinoamericano de Ecología Química, a celebrarse en Colonia del Sacramento, Rep. de Uruguay, en compañía también de su hijo Pablo, mi nieto, de trece años de edad. A sabiendas de que las relaciones de cooperación entre los pueblos latinoamericanos son ahora un tanto frías por culpa de nuestros gobiernos neoliberales que sólo miran deslumbrados hacia los países muy desarrollados de Europa y de los Estados Unidos, aunque sea en un trato desigual, de patrón a empleado; de cacique a peón; de imperialismo a súbditos.
En otros tiempos esas relaciones fueron más intensas que hoy a pesar de la dificultad del transporte exclusivamente por mar, y hubo más intercambio amistoso. Tiempos memorables fueron aquellos cuando uno de los poetas mexicanos de lujo, Amado Nervo, fue nombrado Ministro Plenipotenciario de México para los países de Argentina y Uruguay a principios del siglo XX. y encontró la muerte en el cumplimiento de su deber en este último país; no sobra mencionar que recibió los homenajes sin precedente por su buen desempeño a favor de la cooperación y la amistad entre los pueblos americanos.
Después, cuando la industria cinematográfica tuvo su época de oro, hubo también un intenso intercambio, siendo varios de sus mejores exponentes tan populares allá como aquí. Personajes como: Marga López, Libertad Lamarque, el Che Reyes y otros, hicieron carrera aquí y la fama de nuestros ídolos del cine y cantantes llegó hasta Sudamérica. Ahora que las formas de viajar son más fáciles, cómodas y rápidas creo que es necesario reactivar esas buenas y necesarias relaciones.
Tras vencer algunas dificultades administrativas, con el criterio anterior emprendimos el viaje desde la ciudad de México D.F. el jueves 14 de octubre de 2010, a las 11:30 de la noche. El primer impacto de un viaje largo como éste para quienes no estamos acostumbrados a viajar por los aires tuvo una rara sensación de entusiasmo mezclado con temor y enigma, quizás un poco mayor para mi nieto por ser su primera experiencia en estos trajines; aunque debo reconocer que en ningún momento demostró ninguna alteración emocional fuera de lo común. El vuelo duró 8 horas a Santiago de Chile en cuyo aeropuerto hicimos escala para abordar otro avión que nos llevó a Montevideo, la hermosa capital de Uruguay, tras una espera de cuatro horas. Nos fue imposible conocer siquiera un poco de la ciudad capital de la República de Chile; lo único notable fue su cielo nublado y su temperatura fría.
Casi al terminar de elevarnos por encima de las nubes pudimos gozar primero de un sol espléndido y luego observar hacia abajo a través de la ventanilla de nuestro avión LAN (Líneas Andinas), las semi-nevadas cumbres de la Cordillera de los Andes, aunque en parte también estaban cubiertas por las nubes. El vuelo duró dos horas cruzando todo el cono sur, más o menos siguiendo el paralelo 35 del hemisferio meridional. Muy cerca y al norte de Santiago se encuentra ubicado el monte más elevado de América: el Aconcagua, en territorio de Argentina con 6 959 metros de elevación; 1 500 metros más que el Popocatépetl. No se alcanza a observar desde el avión.
Todo el trayecto de Santiago a Montevideo estuvo igual de nublado y al aterrizar en esta ciudad hacía viento y una leve llovizna; es que nos fuimos con la finta de que allá era Primavera y yo ya mero ni suéter llevaba.
Lo primero que llamó nuestra atención fue el edificio nuevo y moderno del aeropuerto que semeja un plato boca abajo sobre una estructura tubular . Abordamos un autobús de servicio urbano que casi nos lleva a las puertas de un modesto hotel “Mediterráneo” en donde Federico ya había hecho las reservaciones necesarias. El camino es largo pero transita el autobús por amplias avenidas sin el tráfico complicado de otras ciudades. Por la noche salimos a la calle con todo y frío y como cena probamos unas tradicionales “empanadas” de diversos sabores, … pero le voy más a nuestras ricas quesadillas.
El viento, la llovizna y el frío con que nos recibió Montevideo duraron toda la noche y el amanecer del día sábado; no obstante, ese día nos aventuramos a recorrer las calles principales de la Ciudad Vieja, después de un ligero desayuno en el hotel; caminamos al azar por la Av. 18 de julio cuando aún estaban cerrados los negocios, llegamos a la Plaza Independencia, rodeada de soberbios edificios de un estilo arquitectónico llamado: “Eclecticismo Historicista” en lenguaje uruguayo; y otros clasificados como: “Art Deco”, “modernista” o “neoclasicismo español o italiano”.
Entre todos ellos está el edificio de la Presidencia de la República discreto y moderno. Toda la Plaza tiene como vigía permanente la estatua ecuestre de José Gervasio Artigas, héroe Independista de Uruguay que a su derecha tiene un asta donde ondea su lábaro Patrio, un lienzo blanco con cuatro franjas horizontales de color azul celeste, y en el ángulo superior izquierdo un sol radiante Más al fondo se contempla un hermoso edificio de estilo clásico llamado “Teatro Solís”. Continuamos caminando y observando por la calle peatonal Sarandí, doblamos a la izquierda por la calle Zabala hasta llegar a la Rambla Gran Bretaña (Paseo por la ribera del Río de la Plata) desde donde se puede admirar su imponente caudal de aguas turbias.
Regresamos por esa misma calle de Zabala para llegar ahora al punto opuesto de la Rambla “25 de agosto de 1825” enfrente de la Aduana del Puerto Fluvial que es parte de la Ciudad Vieja de Montevideo. Por el otro lado de la acera se encuentra el “Mercado del Puerto” donde se vende principalmente comida. Ni mandado hacer, pues para esa hora ya había hambre y también ya estaban disipándose las nubes y se recibían con gusto los primeros rayos del sol. Fue el primer banquete que disfrutamos los tres viajantes o “tres mosquiteros” …¡Todos para uno… y uno para todos!... con una suculenta “parrilla” acompañada de una copa de vino tinto. Tenía de todas las carnes, asadas y condimentadas, un salchichón, una morcilla y hasta un camote amarillo. Todo muy rico,… pero más rico hubiera estado si le hubieran agregado unas tres tortillitas y un poco de salsa o guacamole.
Regresamos por la tarde al hotel; ya no quise salir más, ellos sí y les recomendé que se informaran bien si se repetía la función de tango y música de Alfredo Zitarrosa que habíamos visto anunciados en un teatro la noche anterior, pero regresaron con la nueva de que había sido la única función… ¡me quedé sin tango!. Montevideo es una gran ciudad por lo que se ve, tranquila y moderna, ordenada y sin aglomeraciones. Su gente amable, si les hablan responden; si algo se les pregunta contestan con suficiente información, sobre todo los taxistas. Sus mujeres bellas, discretas, quizás por el frío pero no muestran ni los tobillos, todas abrigadas y con tenis o con botas.
Es una ciudad “europeizada” en muchos aspectos; se ve que tienen un buen nivel de vida y de cultura. Se entienden diversas características en función de su poca población: Uruguay es el segundo país más pequeño de Sudamérica, tiene 176,215 km2, y lo habitan 3,424 595 habitantes. Su densidad poblacional es de 19 habitantes por km2.
Al día siguiente, domingo, había que trasladarse en autobús a la Colonia del Sacramento, a 180 km al oeste de Montevideo, sede del Congreso al que iba Federico. Ese día nuevamente amaneció con viento frío pero así tuvimos que emprender el viaje que duró dos horas por una carretera recta y con bonitos paisajes: praderas verdes a ambos lados donde pastan innumerables hatos de ganado vacuno y ovino.
Casi al llegar a Colonia se encuentra el viajero con un hermoso paisaje formado por cientos de palmeras enfiladas a los lados, no son datileras ni cocoteros pero lucen muy bien como si estuvieran haciendo valla. Llegando a la ciudad son notables unos arbustos que adornan casi todas las calles y algunas hasta las ensombrecen, son de mucho follaje color verde tierno, de hojas semejantes al maple que, según el taxista, reciben el nombre de “plátanos”,… no, no es broma, aunque se quejó de que sus hojas sueltan un polvillo que molesta la garganta si es aspirado. También reconocí otro árbol que en México es muy escaso pero lo hay y se llama “paraíso”.
Nos hospedamos en el Hotel Bahía Centro y ya instalados, salimos con todo y viento y lo primero que se nos ocurrió fue ir a comer en el primer restaurant que encontramos. Después Pablo y yo nos fuimos a encerrar al hotel y Federico se fue a la Inauguración del Congreso. Al día siguiente, lunes, ya amaneció el cielo despejado y el sol nos favoreció con su calor; entonces salimos con mi nieto a recorrer algunas calles. Así fue como nos enteramos de que:
Colonia del Sacramento es un importante centro turístico con playas y es,… “una ciudad de encuentro, de fácil acceso desde cualquier parte del mundo y buenas comunicaciones. Cuenta con salas y hoteles de categoría con equipamiento de última generación y un grupo profesional de organizadores de Congresos de primer nivel en un entorno de tranquilidad y seguridad”… Semejante a Punta del Este que se encuentra en la parte opuesta de Montevideo.
Colonia del Sacramento es un lugar con historia desde su fundación en 1680 por los portugueses y fue “la manzana de la discordia” entre Portugal y España hasta 1777 en que el Tratado de San Ildefonso dejó a Colonia en manos del Reino Unido de España. Su barrio Histórico ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio Histórico de la Humanidad.
¿Porqué hasta allá fue el Congreso de Biólogos?
Pudo haber sido en una ciudad mexicana (Cancún, Vallarta, Acapulco, el D.F.) si los organizadores y la mayoría de asistentes hubieran sido mexicanos o centroamericanos, pero fueron los chilenos, urogallos (perdón) uruguayos, argentinos y brasileños, que en estos tiempos son los más preocupados por la integración latinoamericana en sus aspectos científicos y tecnológicos. Tiene además la Colonia del Sacramento clima templado y su ciudad nueva está trazada a propósito: sus calles y avenidas amplias, limpias y no agobiadas por el tránsito. …¿Se han fijado hijos que aquí no hay policías? Yo no he visto ninguno, ni siquiera de tránsito …bueno, creo que ni semáforos hay. La gente y los conductores están educados para que los transeúntes puedan cruzar las calles en las esquinas muy tranquilos. ¡Cómo no, si apenas hay 25 mil habitantes! Más la población flotante.
Así pasó lunes y martes, el Congreso en sus dos turnos: matutino y vespertino. Apenas se daba tiempo Federico para ir a comer con nosotros; el martes comimos un filetote de pez espada con una buena ensalada en un restaurant cercano al Bastión de Santa Rita que tiene un aire de “guarida de piratas” por estar construido a la antigua y adornado de objetos y pinturas que son verdaderas reliquias.
Durante los días nublados y tristes nuestro espíritu se marchitó, pero cuando el sol volvió, renacieron nuestros ímpetus de aventura y en la cabeza de los tres, estoy seguro que simultáneamente, nació la siguiente idea: estando tan cerca de la ciudad de Buenos Aires… ¿no la vamos a conocer?... La respuesta de nuestro “capitán” fue: … está bien… vayan a ver cuánto cuesta el pasaje en el “ferry” y cuál es su horario. Hechas nuestras diligencias se planeó nuestro viaje para el día miércoles al medio día, cuando sólo faltaba la clausura del Congreso.
Guardamos nuestras maletas en el guarda equipaje de la terminal de autobuses y …nos hicimos a la mar, más bien al río de la Plata que en esta altura tiene, dicen, siete kilómetros de ancho. Embarcamos en el buquecito “Colonia Express”; pues hay otros mayores que trasladan también autos. El interior es muy cómodo y tiene ventanillas para observar el panorama que en esta ocasión estaba brumoso. Al cabo de una hora íbamos entrando al Puerto de Buenos Aires Argent. y su imagen es la común de todos los puertos.
Llegar y entrar a la ciudad y puerto de Buenos Aires capital de la República Argentina es entrar a un mundo diferente de Montevideo; primero, el bullicio de una gran ciudad semejante a nuestro Distrito Federal, las edificaciones multiplicadas también bellas, un hervidero de coches y camiones igual que aquí, y los caracteres de sus habitantes a flor de piel; su manera de hablar tan típico, y aún con todo eso uno se siente en confianza, porque no hay la barrera del idioma como con los gringos o los europeos, amén de su inocultable racismo.
Dicen que Buenos Aires “es una metrópolis creativa y cautivante, cuna del tango, de Jorge Luis Borges y de Diego Maradona”.
Con quien primero topamos al llegar fue con el taxista, simpático personaje indispensable para el forastero, siempre que sea como el aludido: atento, bien informado, que hable con calor de su ciudad y dé toda la información que el viajero necesite. Nos dejó en una de las principales avenidas céntricas por donde pudo pasar porque a esa hora, más o menos a las dos de la tarde, el tráfico estaba insufrible. Nos indicó que buscáramos la calle Florida o Lavalle que son peatonales y en ellas se puede encontrar tranquilamente hospedaje y la mejor comida. Efectivamente, nos hospedamos en el hotel Regis y fuimos a otro banquete en el Asador Criollo “La Estancia”, nuevamente a comer sólo carnes, pero ahora argentinas. Después paseamos por Lavalle donde se encuentran de todas las chucherías imaginables e hicimos algunas compras como mi chamarra para el frío y recuerdos para nuestros familiares.
Para ambientarse mejor tenemos que decir que:
Si Uruguay es el segundo país más pequeño de Sudamérica, Argentina es el segundo más grande, después de Brasil. Con un territorio de 2 millones 780, 400 Km2 habitados por 40 millones 518,951 habitantes. Se divide en 23 provincias.
Buenos Aires fue fundado por primera vez en 1536 por el español Pedro de Mendoza y en 1580 hubo una refundación por Juan de Garay. El 25 de mayo de 1810 se realizó un cabildo abierto que destituyó al virrey Cisneros y nombró una Junta encabezada por Cornelio de Saavedra. Se formó un ejército y se inició una heroica campaña por la Independencia, dirigida por el Gral. José de San Martín, considerado “el Padre de la Patria”.
Las pasiones de los argentinos se manifiestan con el tango, con el mate y con el fútbol.
El tango es la música y el baile tradicionales que han perdurado a través de mucho tiempo y aunque se hayan inventado otros géneros musicales y de baile, el tango permanece. Es que los elementos que lo originan están vivos aún, como son: su coreografía sumamente sensual y compleja, y su motivación: “un pensamiento triste que se baila” sigue teniendo como cuna “el arrabal”. Llámese tango, milonga o candombe.
Era uno de mis deseos íntimos ver bailar tango en vivo, de cerca, y para fortuna mía se me concedió. Fue así el acontecimiento: el miércoles por la tarde salieron Federico y Pablo a caminar por las calles y de regreso me informaron: allí abajo en la esquina están bailando tango; presto me eché encima mi suéter y salimos a ver. Pablo se quedó en el hotel.
En efecto, en la esquina de Lavalle y Florida, ambas peatonales, estaban dos parejas de bailadores con su aparato de sonido haciendo una excelente demostración de sus habilidades tanguistas, belleza y elegancia. Estuvimos mirándolos y aplaudiendo a la vez durante un tiempo considerable, el suficiente para que se fijaran en nosotros; porque la mayoría de espectadores eran de paso, permanecían unos minutos y se retiraban del círculo. De pronto el que la hacía de animador nos dijo:
-¿Vos, de dónde venís?
-¡de México! Respondimos.
-¡Mexicanos! Vení, …tomáte una foto con estas bellas señoritas.
Con un poquito de resistencia pasamos al centro del círculo, primero yo y Federico tomó la foto con las dos muchachas. Luego pasó él y uno de los bailarines lo fotografió. Dimos nuestra cooperación y les compramos tres CDs para retirarnos contentos después de haber disfrutado de muchos tangos.
Desde Montevideo observé a muchas personas, especialmente jóvenes que parecían estudiantes, con un recipiente en la mano de color café, especie de vaso o calabazo, algunos ribeteados con un cintillo metálico y con una bombilla, canuto o popote también metálico, sorbiendo algo. Pregunté y me dijeron que es el “mate”.
¿Y qué es eso?
Es una bebida estomacal, excitante y nutritiva resultado de una infusión de las hojas secas del mate (árbol) con agua caliente y azúcar. En alguna parte leí que en Argentina lo consume el 90% de la población (algo así como el café?). Ya ha sido declarado el mate como “la bebida nacional”.
El mate y los “alfajores” (dulces de leche cubiertos de chocolate) son infaltables en la dieta de ambos países.
Qué decir del Fútbol…lo llevan en la sangre, pero como ahora no hay confrontaciones de alto nivel no están encendidas las hogueras, la mar está en calma; pero no por eso se olvida, aisladas se escuchan pláticas sobre el tema y es notable la abundancia de artículos de recuerdo todos alusivos a Maradona. Camisetas, bufandas, banderines, gorras, balones, llaveros, etc.
Quiero creer que la pasión deportiva pueda ser un tranquilizante que sirva de antídoto a los ímpetus belicosos de sus jefes militares en su intento suicida de recuperar las islas Malvinas, como hace 28 años.
Los que salieron perdiendo son los soldados de a pié que aún reclaman en la Plaza de Mayo algún pago a sus sacrificios.
El día de nuestro regreso a Montevideo caminando llegamos a la simbólica Plaza de Mayo, enfrente de la Casa Rosada o Palacio Nacional que no es tan extensa como nuestro Zócalo, pero que ha sido asiento y testigo de una gran lucha singular de las Madres de las víctimas de la represión durante el tiempo que duró la Dictadura Militar en Argentina. Hace 33 años que se reúnen los jueves de cada semana a las 15:00 hs. y realizan una marcha alrededor de la plaza.
Antes de abandonar Buenos Aires ya en el taxi que nos llevó al embarcadero, Federico hablando con el chofer, persona amable y muy conocedora del tema, acordaron dar una vuelta por el estadio de fútbol del Boca Junior, uno de los equipos más importantes y famoso porque de ahí salió nada menos que Diego Armando Maradona.
Por ese mismo barrio, nos platicó el taxista, se encuentra una famosa calle que se llama “caminito”, donde se inspiró el que compuso el famosísimo tango del mismo nombre y que en una parte dice: Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar, he venido por última vez, he venido a contarte mi mal…
Me falta decir que Federico otra vez se dio vuelo con su cámara fotográfica, plasmando las más bellas imágenes de los edificios más elevados y los lugares donde estuvimos. Ya de regreso a México logró captar un atardecer maravilloso a diez mil metros de altura y sobre el azul Océano Pacífico.
¡Adiós Buenos Aires! No creo volver algún día pero te aseguro que penetraste en mis sentidos por siempre. Me llevo el recuerdo de tu “obelisco”, monumento Histórico Nacional ícono de la ciudad, ubicado en la intersección de las avenidas Corrientes y 9 de julio, fue construido con motivo del cuarto centenario de la primera fundación de la ciudad. Lo mismo me llevo la imagen de tu Bandera Nacional, tres franjas , dos azules y una blanca en medio, al centro un sol amarillo oro. Por cierto muy parecida a la de Uruguay.
Ahora me preguntan si la vida es más cara o más barata en los países visitados. Como la Economía es muy compleja y sé muy poco de ella, solamente sabría responder que: por un peso uruguayo hay que dar 62 centavos mexicanos, y un peso argentino cuesta 3 pesos con 17 centavos de los nuestros. Pero hay que advertir que la paridad de la moneda no es el único factor que determina la carestía de la vida.
De regreso a Montevideo por el mismo camino por donde llegamos, …¡Adiós Colonia Sacramento! alabo tu tranquilidad. Recorrimos nuevamente los 180 Km de praderas verdes llenas de ganado, de pasto y de granjas; así como de huertos de olivos y bosques de eucaliptos. Pasamos la noche en el mismo Hotel Mediterráneo y el viernes temprano partimos hacia el Aeropuerto en un taxi conducido por una señora que no paró de hablar en todo el trayecto.
El mismo recorrido, el mismo clima, sólo que de día, la misma emoción, la misma duración del vuelo sobre el Océano Pacífico, un bonito atardecer afuera. Al final, entramos a tierra firme por Acapulco, y desde ese momento,… ¡Prepárense para aterrizar en el D.F.!
-Pablo: viajamos por aire, por tierra y por mar o río. ¿Qué te gustó más?
-Por aire…. Me gusta volar. El buque va muy lento.
Florencio Castrejón Angel.
Octubre de 2010.
miércoles, 18 de mayo de 2011
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