Recordar año tras año las luchas del pueblo mexicano por su libertad y su independencia nunca será tarea sin importancia, porque aún no se han alcanzado éstas completamente; no obstante que ya han transcurrido casi 200 años desde que el “Padre de la Patria” Don Miguel Hidalgo y Costilla dio el primer grito de ¡Viva la Independencia de México! en el atrio de la iglesia de Dolores, Guanajuato, en la noche del 15 de septiembre de 1810.
La historia nacional nos narra que la población de entonces estaba formada por tres grandes grupos o clases sociales, cuando menos: los indígenas y mestizos, los españoles peninsulares y los criollos.
Los indígenas y los mestizos, que eran la gran mayoría, descendían de los habitantes prehispánicos, teotihuacanos, toltecas y mexicas, que habían construido su propio mundo con muestras asombrosas de ingenio e inteligencia.
En sus artes, artesanías, ciencias, religión, comercio, etc. dejaron obras que causan admiración, como: las pirámides, el calendario azteca, el sistema de numeración maya, sus escuelas Calmécac y Telpuchcalli, sus conocimientos astronómicos, su comercio, su religión, entre otras cosas. Pero llegaron del oriente hombres blancos y barbados con armas que escupían fuego y vestidos de metal y montados a caballo, además de crueles y ambiciosos, a someterlos brutalmente destruyendo su desarrollo e imponiendo por la fuerza otra cultura y otra religión. Haciendo a todos casi esclavos y tributarios de la corona española.
El segundo grupo que era antagónico al anterior, lo formaban los españoles peninsulares, es decir, los que habían nacido en España; los caracterizaba la ambición, pues no obstante ser dueños de nuestro territorio, de las minas y de todos los recursos naturales, querían más y que no cambiara el estado de cosas nunca.
En el tercer grupo se ubicaban los criollos, o sean, los hijos de españoles pero nacidos en México, que ya consideraban a este país como su patria y la querían independiente de España.
Hidalgo y una gran cantidad de caudillos y simpatizantes de la inconformidad y de la independencia eran “criollos”, por ejemplo: la Corregidora Josefa Ortiz de Dominguez y su esposo el Corregidor; los capitanes Ignacio Allende e Ignacio Aldama; Francisco Javier Mina y otros. Todos ellos conspiraron e iniciaron la lucha armada en la llamada Nueva España, de la misma manera que ocurría en los demás países de Sudamérica. Con mayor razón cuando se dieron cuenta que el rey de España era prisionero de los franceses.
La guerra por la Independencia duró once años, cruentos, crueles y dolorosos para los mexicanos. Los primeros caudillos sucumbieron muy pronto sin ver realizados sus sueños y porque ni ellos, en su mayoría siendo pacíficos y religiosos nada sabían del “arte de la Guerra”, menos los soldados insurgentes; en cambio la gente que formaba el ejército realista estaba hecho en ella. Sin embargo, nada se podía comparar al patriotismo de los que morían por un ideal y fueron muchos los continuadores de la lucha a lo largo y ancho de nuestro territorio, que por cierto, entonces era el doble de lo que ahora es.
El continuador inmediato del Cura Hidalgo fue el Generalísimo José María Morelos y Pavón, el Héroe de Cuautla, con sus leales compañeros Hermenegildo Galeana, Nicolás Bravo, el cura Mariano Matamoros, Vicente Guerrero y mil símbolos del valor, de la honradez y el patriotismo.
El próximo año 2010 se cumplirán 200 años del inicio de la Guerra por la Independencia, al que han dado en llamar el “Bicentenario” y que debería ser efectivamente motivo de alegría y de fiestas patrias nacionales por su gran simbolismo. Sino fuera porque muchos mexicanos nos estamos preguntando qué se ha logrado de los sueños de aquellos héroes que dieron su vida por la Libertad y la Independencia.
Desafortunadamente los mexicanos hemos padecido una historia muy accidentada que abarcó el resto del siglo XIX caracterizada por más guerras fratricidas y de intervenciones extranjeras. Por lo que toca al siglo XX una nueva revolución armada y luego un largo periodo de gobiernos deshonestos, hasta la fecha, que en contraste con la calidad de nuestros héroes, los ha caracterizado el antipatriotismo y la rapiña orillando al país a una situación de verdadera debilidad ante los intereses privados nacionales e internacionales en complicidad.
La triste realidad es que otra vez somos esclavos, ahora de los medios de comunicación que nos obligan a comprar cosas que no necesitamos y nos impiden pensar y seleccionar libremente lo que nos conviene.
Somos dependientes de los Estados Unidos y de sus organismos mundiales de control económico, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional.
Somos prisioneros de las Empresas Transnacionales y pagamos tributo a los Bancos Extranjeros que se llevan las ganancias fabulosas a sus países de origen. Ellos son los dueños de la mayoría de nuestros recursos naturales en complicidad con los empresarios mexicanos más poderosos.
Por eso…Festejar la Independencia…¿Cuál? ¿De quién? ¿De verdad somos independientes? Señalaba un diario el sábado pasado.
No obstante, nada nos cuesta hinchar nuestro corazón y nuestros pulmones para gritar con mucha emoción: ¡Que viva México! ¿Qué vivan los héroes que nos dieron Patria! ¡Que mueran los gachupines y los traidores!
Septiembre de 2009.
viernes, 18 de septiembre de 2009
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