sábado, 31 de mayo de 2008

El ISSSTE Y YO (primera parte)

P R E S E N T A C I O N


Yo fui uno de tantos jóvenes de la provincia de origen humilde que en una dilatada época de mediados del siglo anterior, emigramos de nuestro pueblo natal al Distrito Federal en busca de horizontes más prometedores que allá no se encontraban. En nuestro pueblo podíamos estudiar únicamente hasta la secundaria porque en aquel entonces eran muy escasas tanto las preparatorias como las escuelas superiores, en donde uno pudiera adquirir alguna profesión o carrera técnica.

En Guerrero, por ejemplo, solamente había en Chilpancingo el Colegio del Estado que devino Universidad Autónoma del propio Estado.

Estaba establecida en Tixtla la Normal Rural de Ayotzinapa, para formar maestros rurales hijos de campesinos, que era insuficiente para satisfacer la demanda y no recibían a estudiantes del sexo femenino.

En la ciudad de Chilapa funcionaba un Seminario Conciliar que era selectivo y dirigido obviamente en otra dirección.

Para fortuna nuestra, el D.F., la gran ciudad noble y leal, capital de la República no nos rechazó. A decir verdad, no rechaza a nadie. Por el contrario, con mucho gusto mostró a nuestros azorados ojos la esplendidez de sus bellezas. Sus monumentales y fantásticos palacios, como: El Nacional, Bellas Artes, el Correo, su Torre Latinoamericana; sus catedrales; su bosque y Castillo de Chapultepec, la Alameda y tantos más. Sus edificios escolares, su cultura y su modernidad. Todo lo que podíamos ver gratis.

También nos mostró sus vergüenzas: sus centros de vicio; su miseria social y material; sus destartalados camiones y su canal del desagüe negro y pestilente.

De todos los emigrantes muy pocos llegaron a ingresar a las escuelas vocacionales del Politécnico o a las preparatorias de la Universidad; lo cual en sí representaba una verdadera hazaña. La mayoría encontramos refugio en la Escuela Nacional de Maestros (ambos sexos); eso porque había en ella internado y comedor. Otros pocos tomaron el camino de las escuelas militares y aunque lograron entrar, muy poco les duró el gusto porque no aguantaron los malos tratos que daban a los de nuevo ingreso, ni la disciplina militar; desertaron. También hicieron esto último quienes no lograron inscripción ni en una ni en otra escuela y regresaron a su pueblo. Porque la verdad, no era fácil remontar los apuros económicos para sobrevivir sin tener una fuente paternal de recursos; si ellos pasaban por la misma situación.

Afortunados los que provenían de familias ricas porque ellos sí lograron construirse una carrera profesional libre, como: médico, abogado, ingeniero o contador, que en su ejercicio no dependían necesariamente del gobierno. Así pudieron algunos llegar a ser distinguidos profesionistas o importantes políticos y funcionarios.

En mi caso particular, después de un año de estudios en la Normal, desempeñé un trabajo asalariado en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Depto. de Artes Gráficas y logré después, con muchas dificultades hacerme profesor de escuela primaria y posteriormente de secundaria.
Con el tiempo mejoré mis condiciones laborales y económicas pero fuera del D.F. y he formado una familia con mi esposa y dos hijos.

Tengo casa propia y vivo en la medianía pero con la tranquilidad que da la noble tarea del magisterio. Ahora ya estoy jubilado después de treinta años de servicios.

Pero el eje de estos apuntes no es mi biografía, sino que pretendo explicar el significativo papel del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) en mi vida y en la de millones de derechohabientes, como una institución protectora y solidaria cuya función ha sido concomitante con el trabajo. Yo no me imagino al mío sin el ISSSTE.

Para mí su labor ha sido paralela y complementaria. Estoy seguro que con el fruto único de mi salario no hubiera logrado defender a mi familia de las asechanzas y contingencias de las enfermedades y de los accidentes. O sin su refuerzo económico, aunque sea en diminutivo, nunca hubiera construido mi casa al gusto, aun siendo pequeña; pues que sólo para el ISSSTE soy “sujeto de crédito”; nunca lo fui para ningún banco. Como tampoco hubiera podido gozar de una jubilación como la que tengo.

Haciendo un poco de historia digo que: el antecedente del ISSSTE fue la Dirección de Pensiones Civiles, que ejercía las funciones de seguro social para los trabajadores al servicio del estado; pero sólo proporcionaba jubilaciones y préstamos a corto plazo e hipotecarios. Los servicios médicos estaban a cargo de cada dependencia del gobierno en particular.

Esta Dirección venía laborando desde 1925, año en que fue creada por el gobierno de Plutarco Elías Calles y en sus años postreros la dirigía un tal Rufo, perteneciente a la dinastía de los Figueroa de Huitzuco, Gro.

Cuando el ISSSTE nació, en enero de 1960, siendo Presidente de la República Adolfo López Mateos, trajo consigo su “canasta” de prestaciones que nos cayeron a los burócratas como bajadas del cielo. Nos hicieron sentir verdadera y literalmente más seguros y muy envalentonados. “Valedores”, en expresión de Tomás Mojarro. Tanto que yo, cuando me atreví a proponerle matrimonio a la que fue mi esposa, ésta contestó con una severa advertencia:

- Yo he sido muy enferma desde niña.

Y como yo estaba en circunstancias similares, me fue muy fácil contestarle:

- No te preocupes, para eso precisamente crearon el ISSSTE.
CONTINUARA...